Ermita de San Pelayo y San Isidoro

La iglesia o ermita de San Pelayo y San Isidoro fue un templo católico de origen medieval, de estilo románico edificada en la ciudad española de Ávila. Fue construida extramuros, frente a la puerta de la Malaventura en el paño sur de la muralla, hacia el oeste. En su recuerdo queda un espacio conocido como Atrio de San Isidro. Tras la desamortización fue llevada a Madrid donde tuvo diferentes emplazamientos. Sus restos ruinosos encontraron finalmente acomodo en El Retiro.

Las ruinas de la Ermita que adornan el Parque del Retiro, junto a la Montaña Artificial, no son fruto de un falso capricho romántico, sino que dimanan de la voluntad de un político, del propio presidente del gobierno Antonio Cánovas del Castillo, con el fin de preservar esta pequeña muestra del patrimonio histórico español, comprándosela a un particular, Emilio Rotondo Nicolau. Se trataba de la iglesia del siglo XI de San Pelayo o de San Isidoro, llamada así también por haber descansado en ella el cadáver de este santo en su traslado de Sevilla a León, la cual se hallaba situada extramuros de la ciudad de Ávila. Tenía en origen una sola nave cubierta con armadura de madera, excepto en el ábside que era una bóveda esférica, pero todo el conjunto construido con gran sencillez.

Convertida en parroquia en el año 1258, acabaría por desaparecer su culto cuando éste pasó a la nueva catedral. En 1884 fue adquirida por el Estado para adornar los jardines del Museo Arqueológico Nacional, con el parecer contrario de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, lo que forzó que fueran cedidos al Ayuntamiento de Madrid en 1896, el cual inmediatamente decidió situarlos en el Parque de Madrid o del Retiro por acuerdo del 9 de marzo de ese año.

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